Resulta gracioso, pero aún puedo sentir ese nervioso hormigueo, mientras desempolvo mi traje.
Es una lastima, pues aunque pienso que cada año me queda peor, no me atrevo a sustituirlo. De hecho, hoy como cada 2 de junio, me esforzare en no cambiar nada de lo que he ido haciendo, este día, durante los últimos 10 años.
Debo apresurarme, se que no tardaran en llegar los invitados de mi boda. También se que, año, tras año, serán las mismas caras de siempre.
Pero yo, la espero a ella.
Aparecerá radiante, siempre joven, invariable y preciosa. Y yo, aunque más ajado y más viejo, cuando la vuelva a coger de la mano, sentiré de nuevo su anhelada presencia.
No quiero cambiar nada, no deseo arriesgarme. No puedo por temor a romper el hechizo que aún nos une.
Pero sin embargo…, como siempre, aun me costara tener que morderme la lengua, y sonreírla, cuando nos sirvan el marisco.
Guillermo Villena.
Qué hermoso lo que compartes.
Qué dicha la de ustedes, ser los novios eternos y mantener esa ilusión de la espera. Gracias por decirlo.
Sobretodo a algunas “modernas” que a veces nos pensamos que los hombres no tienen sentimientos y que eso de la ceremonia es solo “por cumplir formalidades”.
Y lo que tú nos dices es que mientras nosotras soñamos -sí, secretamente quizá, pero todas lo soñamos- con andar ese camino, musical, rojo y lleno de flores…. hay uno que sueña y espera al final.
Sigue escribiendo así.
Gracias, Emeve.
Vaya, una vez más, y esta vez gracias a ti, me doy cuenta de lo gratificante que resulta comprobar que cada persona tiene una visión personal, y distinta, de lo que lee.
Eso es grande!!!.
Lo cierto es que cuando escribi esto, participe con escaso exito, en un concurso de micro-relatos de “terror”. La palabra clave, para participar, era BODA. Y fijate lo que me salio….
Obviamente, intentaba provocar que el lector se preguntara que era lo que verdaderamente pasaba “año tras año” en la mente del protagonista.
Me salio “rana”, pero… a mi siempre me gusto.
De todas formas, quizas, en mi fuero interno, tu interpretación de mi relato era lo que buscaba….
En fin, gracias de nuevo. Agradezco mucho tu comentario, y más si viene desde ti. Ya que posees un blog precioso, al que aún no he podido dedicar todo el tiempo que se merece.
Un abrazo grande.
Hombre, a mi no me gusta el terror y como no le tengo miedo ni a mis pesadillas (que anoche tuve dos y no me asusté ni durante ni después … ¿habré perdido la sensibilidad?) pues seguro que no lo supe interpretar…
A mi lo que me van son las historias de amor
Un abrazo…
Y esta también lo es!.
Exacto!!! por eso me gustó tanto
Tengo que decir que la primera vez que leí el cuento, me pareció inquietante.
Luego leí el comentario de Emevecita y me dije: “No lo he entendido, voy a volver a leerlo.”
Luego leí tu explicación y me pareció que se adaptaba más a lo que habia intuido… da un respingo imaginar por qué tiene que hacer eso año tras año y por qué sonríe forzadamente (algo casi truculento).
El cuento es MUY BUENO.
Lo que ocurre es que casarse hiela la sangre en las venas al más valiente…
jejejeje
Ahora la que no entiende lo que lee soy yo. ¿O las mujeres somos de Venus? Yo lo vuelvo a leer y sólo veo la parte romántica del asunto … me voy a regresar a la escuela. O quizá es que no me he casado…